La opresión del calzado en el mundo corporativo

08.06.2026

El calzado casi nunca ha tenido una función puramente utilitaria. Desde las civilizaciones antiguas hasta las dinámicas contemporáneas, el zapato ha operado como una sofisticada tecnología de estatus, un marcador de clase y un dispositivo de control social.

En ciertos entornos laborales, podemos afirmar que la expresión "saber dónde te aprieta el zapato" se vuelve literal y que la rigidez del zapato es solo una traducción más de la exigencia. Moldearnos de forma física para entrar en estructuras de poder.

El filósofo Michel Foucault hablaba de los "cuerpos dóciles", aquellos que son sometidos, utilizados y perfeccionados por las instituciones para volverlos productivos. En el ecosistema corporativo, el calzado formal, de piel, rígido, el tacón alto actúa como un mecanismo de domesticación, esa es mi percepción en muchas ocaciones. 

Si eres capaz de aguantar una jornada con tus pies pidiendo auxilio, acostumbras a tu mente a hacerlo poco a poco con lo demás.

El tacón se ha vendido culturalmente como un símbolo de empoderamiento, sofisticación y autoridad. Sin embargo, su diseño altera el centro de gravedad, acorta los tendones y genera una inestabilidad física constante. Es decir, nos da falta de equilibrio, que paradoja ¿no?

Muchas empresas empujan a sus empleados hacia posiciones de mayor "altura" jerárquica, prometiendo estatus y poder, pero bajo condiciones que fracturan su equilibrio. Al igual que el tacón alto, la ambición corporativa exige caminar sobre una superficie mínima de apoyo, donde el riesgo de caída es permanente y el desgaste de la salud o burnout es el precio que se paga por sostener una idealización del éxito.

Nadie quiere ponerse en los zapatos de un líder corporativo cuando estos están deformados por la presión y la ambición, creando un sistema tan individualista donde la empatía muere, además quien querría estar en este tipo de zapatos; nadie en su sano juicio quiere ponerse en los zapatoos del otro, si los de este tienen estas características martirizantes. 

Por suerte, tengo la percepción de que el empleado actual empieza a entender que el valor que aporta no está determinado por la rigidez de su suela ni por la altura de su tacón

Las empresas que insisten en "apretar" (en métricas absurdas, conductas tóxicas y control milimétrico) están utilizando la misma lógica del zapato medieval: el dolor como demostración de pertenencia. 

Es hora de entender que para llegar más lejos, los equipos no necesitan estructuras que los opriman, sino entornos lo suficientemente flexibles y respetuosos como para permitirles caminar firmes, cómodos y con libertad.